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Carta a los Mindcampers


Algo así como las cartas de San Pablo a los Efesios, Corintios, Romanos... O como las tablas de la ley de Moises con Charlton Heston. La idea es contarles en qué estamos respecto a Mindcamp, y cómo la encuesta encaja en esto.

Mindcamp nació como un encuentro entre personas que decidieron reunirse con curiosidad y con la disposición a relacionarse desde un lugar más humano. Desde sus primeras ediciones fue tomando forma una calidad particular de vínculo, donde la confianza aparecía temprano y las conversaciones adquirían profundidad, habilitando un espacio para explorar maneras distintas de estar juntos. Esa experiencia dejaba una marca clara en quienes participaban, al mostrar que era posible vivir con mayor honestidad y presencia.

 

Y cuando Mindcamp llegó a Chile, esa intuición original se mantuvo como eje. El foco estuvo puesto en cuidar el espíritu del encuentro y en crear un espacio vivo donde las personas pudieran experimentar relaciones más generosas y responsables, especialmente en un contexto social tensionado por la desconfianza y la fragmentación. Mindcamp fue tomando forma como una comunidad temporal, con apertura al juego, reglas simples y una invitación explícita a hacerse cargo del impacto que cada persona tiene en el conjunto.

 

Los resultados de la encuesta reflejan con claridad esa experiencia. Los testimonios hablan de transformación, pausa, reconexión personal y sentido de comunidad. Aparece Mindcamp como un hito significativo del año, un espacio donde se integran dimensiones personales y profesionales, y donde el aprendizaje ocurre tanto a través de los contenidos como a través del vínculo con otros. La alta valoración de la organización, del equipo de Bananas y de los contenidos confirma que, cuando las condiciones están bien cuidadas, la experiencia se profundiza.

 

La encuesta muestra también que Mindcamp se construye de manera distribuida. Lo que ocurre en los talleres convive con lo que sucede en los espacios intermedios, en conversaciones espontáneas, los encuentros inesperados e incluso los silencios compartidos. El desarrollo personal y grupal emerge de esa malla, donde cada persona influye en el proceso de otras simplemente por estar presente y disponible.

 

Estos días hemos tenido conversaciones con Tim que ayudaron a poner en perspectiva varios aprendizajes de esta edición, y también analizar los resultados de la encuesta. Con Tim pusimos el acento en el movimiento que las personas realizan a lo largo del proceso y cómo esto influye en los demás cuando participamos en “modo avión”. La encuesta es coherente con esta mirada, al destacar la importancia de atravesar la experiencia completa y de volver en el tiempo, construyendo continuidad y arraigo.

 

Creemos que los contenidos cumplen un rol relevante como puertas de entrada y como activadores de experiencia, pero el desarrollo ocurre principalmente en la vivencia, en los vínculos que se tejen y en la responsabilidad que cada persona asume dentro del proceso. Esta mirada orienta las decisiones que dan forma a Mindcamp, poniendo el foco en cuidar la continuidad, el movimiento y la posibilidad de seguir viviendo la experiencia en el tiempo.

 

La lectura de la encuesta que hacemos, sin embargo, no implica hacer todo lo que los participantes proponen. Creemos que algunas sugerencias ayudan a afinar prácticas y mejorar cuidados que fortalecen el sentido del proyecto, mientras que otras expresan las expectativas legítimas desde experiencias personales o preferencias de cada uno, que introducen miradas diferentes sobre experiencias parecidas a Mindcamp, pero que no lo son completamente. Queremos ser cuidadosos para distinguir entre unas y otras, de modo de cuidar la coherencia del proceso en el tiempo, y así entendemos la encuesta como un instrumento de calibración de la experiencia vivida y no necesariamente como el motor que define su dirección.

 

En este marco, se vuelve importante explicitar ciertos límites que orientan la evolución de Mindcamp. Algunas decisiones forman parte de su identidad y se sostienen en el tiempo: la experiencia se apoya en voluntarios, ocurre en lugares que cuenten con la infraestructura necesaria, sin requerir una producción técnica independiente ni menos equipamiento propio; se mantiene abierta la posibilidad de que todas las personas que quieran hacerlo faciliten, sin avanzar hacia una lógica de selección de sesiones. Los contenidos continúan ocupando un lugar relevante, aunque subordinado al proceso que viven las personas a lo largo del encuentro. Estas definiciones buscan resguardar una experiencia viva y coherente con el espíritu que ha dado sentido a Mindcamp desde su origen.

 

Mindcamp puede entenderse así como una práctica sostenida en el tiempo, una experiencia que se construye y se disuelve, y que sigue evolucionando sin perder su núcleo. Su forma puede cambiar y sus espacios variar, mientras se mantiene una convicción central: que el crecimiento ocurre en relación con otros y que los encuentros cuidados, aunque sean temporales, tienen la capacidad de dejar huella.

 

Mindcamp existe donde las personas deciden estar presentes, disponibles y comprometidas con algo que se construye entre todos los y las que estamos aquí.

 
 
 

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